martes, 6 de diciembre de 2016

RESEÑA DE TRINITY #2

TRINITY #2 (Diciembre 2016)

Guión: Francis Manapul
Dibujo: Francis Manapul
Reseña de Antonio Monfort

RESUMEN

Misteriosamente y sin explicación aparente, la Trinidad se ve transportada a Smallville, o al menos a un Smallville donde Clark aún es un niño y donde el shock de la aparición del trío y especialmente de alguien que lleva el símbolo de la nave que trajo a su hijo, ha hecho que Jonathan Kent sufra un ataque al corazón.

Mientras el joven Clark huye pensando que su padre ha muerto, los tres superhéroes atienden a Jonathan y consiguen revivirle. Una vez recuperado, éste les cuenta acerca del miedo a perder a su hijo o de no tener todas las respuestas que un niño con sus capacidades puede necesitar.

Superman ve en los miedos de su padre un reflejo de los suyos propios a la hora de criar a su hijo y, aunque no puede contarle la verdad, se siente reconfortado por ver a su padre una vez más. Lamentablemente, la explicación de la experiencia es mucho más siniestra de lo que los héroes se imaginan y es que Poison Ivy les ha capturado entre sus plantas venenosas y les tiene sometidos a su control.


CRÍTICA

Si la primera entrega de Trinity ya apuntaba maneras, con su correcta percepción de los personajes y su tempo pausado pero profundo, en este segundo episodio Manapul directamente se sale del gráfico con una radiografía de la personalidad de este Superman que podría estar entre lo más digno que se ha visto del personaje en muchos años.


Este Superman actual es padre de un niño y Manapul aprovecha esta circunstancia para trazar un paralelismo entre los retos que tuvo que asumir Jonathan Kent y los que ahora asume Clark en su papel como progenitor de un niño con poderes. Pero el debate no se centra solo en los desafíos de la paternidad, sino en reflejar lo que Jonathan Kent significó para Clark en su desarrollo, lo que inevitablemente nos habla de cómo y sobre todo de por qué Superman es como es y hace lo que hace. Este episodio nos recuerda que para él, su contacto con la humanidad y especialmente con los Kent es lo que le hace verdaderamente extraordinario, de las razones de por qué Clark nunca puede ser un tirano con poderes sino un héroe lleno de empatía y compasión, ser, en definitiva, eso que englobamos en una sola palabra y que a veces nos olvidamos de lo que significa: Superman.

Al interesante guión hay que añadir un apartado gráfico simplemente brillante. Francis Manapul tiene una muy definida personalidad visual que aquí se muestra pletórica incluso en un cómic con escasas escenas de acción y a priori pocas oportunidades de lucimiento, su dibujo es espectacular y cumple en cada panel y cada página. Su diseño de página es atrevido y eficaz narrativamente por no hablar de la expresividad que consigue a veces con muy pocos trazos cuando dibuja rostros o expresiones.

Poco se puede criticar a este cómic, más allá de que forma parte de una saga más grande y que su ciclo completo y calidad final dependerá más de cómo se cierre dicha saga de la brillantez de un episodio en concreto. La aparición de Poison Ivy es inesperada, pero también puede llevar a la historia por cauces más convencionales que afeen un hasta ahora brillante recorrido. Pero eso está por ver. De momento Trinity se está mostrando como uno de los títulos más inesperadamente eficaces y brillantes de este Rebirth y parece que aún guarda momentos brillantes en la recámara para próximas entregas.

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