martes, 31 de marzo de 2015

RESEÑA DE ACTION COMICS #39

ACTION COMICS #39 (Abril 2015)

Guión: Greg Pak
Dibujo: Aaron Kuder y Scott Kolins
Reseña de Antonio Monfort

RESUMEN

Los habitantes de Smallville que recibieron poderes mentales tras su interacción con Brainiac, están a punto de conseguir cerrar el portal de la zona fantasma. Sin embargo, Superman y Acero no pueden permitirlo dado que Lana Lang sigue prisionera de las criaturas del otro lado. Lamentablemente, los psíquicos no están dispuestos a escucharles, pero Hiro Okamura, Toymaster, consigue bloquear los poderes de los lugareños el tiempo suficiente como para dar a los héroes una oportunidad.

Dado que las criaturas se alimentan del miedo, Clark y John se ven obligados a contener sus propios terrores, algo que conseguirán con ayuda del metal orgánico de Steel que influirá en sus propios cuerpos suprimiendo en parte sus reacciones emocionales.

Una vez cruzado el portal, les será revelado que quien está detrás de estos seres es un ser llamado el Ultra-Humanita. Una entidad que tuvo contacto con Superman cuando este era solo un niño y de cuyo pánico y emociones quedó prendado. Sin embargo, la fuerza física de aquel niño le obligó a retirarse y fortalecerse durante más de veinte años en la zona fantasma, hasta que Doomsday abrió una nueva brecha en ella por la que pudo volver a por aquel ser que tanto le había fascinado. Ahora el tiempo apremia y si el portal de la zona no se cierra, nada podrá detener a las criaturas de extenderse por el mundo. La misma Lana le pide a Superman que la abandone allí y salve así al resto del mundo, pero Superman no piensa permitirlo. Arrancándose el metal orgánico de Steel para dejar fluir libremente sus emociones, el pánico, el dolor y la angustia que acompañan a Clark desde que perdió a sus padres y en cada uno de sus fracasos se convierten en un imán para las criaturas que dejan a Lana y al resto de sus víctimas para centrarse en el Hombre de Acero. Clark revive así los peores momentos de su vida y ve como sus mayores terrores se convierten en realidad, pero gracias a ello Acero puede llevarse a Lana y los habitantes de Smallville cerrar el portal de la zona. Afortunadamente, Superman también consigue salir a tiempo. Las criaturas del Ultra-Humanita se han saciado con sus emociones y han perdido la consciencia. El hijo de Krypton ha revivido sus momentos más oscuros, pero ha conseguido neutralizar la amenaza. Lana por fin comprende lo que supone ser Superman para su amigo Clark y su resentimiento es aparcado. Aunque su oscuridad interior siempre esté al acecho, Clark sabe que al menos hoy no está solo para afrontarla.


CRÍTICA

Último episodio de la “Lovecraftiana” saga que Greg Pak nos ha servido como epílogo de lo ocurrido en el crossover Doomed. Una historia de terror y de otras dimensiones que aunque se permita el guiño de introducir al que fue el primer villano de Superman allá por los año treinta, el Ultra-Humanita, poco tiene que ver con la mitología del Hombre de Acero y con aquel personaje. Y es que rápidamente uno podría pensar en al menos diez personajes DC a quienes esta historia les encajaría mucho mejor que a nuestro hijo de Krypton.


Con todo, la historia, aunque algo confusa y dotada de alguna que otra solución en plan “Deux ex machina” no se puede decir que sea mala y puede resultar hasta curiosa si uno tiene el día inspirado para leer a Lovecraft. Caso que no, siempre queda lo que sin duda es uno de los puntos fuertes del guionista, la humanidad con la que siempre consigue vestir a los personajes principales. Así, Pak se permite bucear en los miedos de Superman, la mayoría de ellos muy previsibles, pero también nos muestra que ocurrió tras la pérdida de los Kent cuando solo tenía dieciocho años. Algo que estableció Morrison en su día pero que nadie había tocado mínimamente a nivel emocional. ¿Cómo un ser superpoderoso no se vuelve loco ante semejante trauma? ¿Cómo llega a ser el Superman que conocemos si pierde tan pronto a los que han sido su referente y su guía? No es que Greg Pak responda a esas preguntas en este cómic, pero al menos nos deja entrever que tanto Lana como sus padres fueron muy importantes en el proceso de duelo y eso ya es algo más de lo que teníamos hasta ahora.

En el apartado gráfico Aaron Kuder se encuentra en su salsa entre tanto tentáculo y tanto portal dimensional. La ayuda de Scott Kolins también se nota y hace que las carencias de Kuder sean menos acentuadas. Ninguno de los dos son malos, pero ninguno es el dibujante que Superman necesita o que nos gustaría ver en Action Comics. Pese a ello su estilo visual ya es marca de esta etapa y no se puede negar que encaja con la historia que nos están contando.

En conclusión, final de una saga legible pero raruna, que hace que nos preguntemos por qué este equipo creativo no está haciendo John Constantine en vez de Superman, pero que al menos no se hunde en los abismos de calidad que de vez en cuando nos acechan en esta DC de nuestros días. Menos da una piedra.

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