domingo, 16 de marzo de 2014

RESEÑA DE SUPERBOY #28

SUPERBOY #28 (Abril 2014)

Guión: Marv Wolfman
Dibujo: Andrés Guinaldo
Reseña de Antonio Monfort

RESUMEN

En el presente, Harvest continúa su cruzada para eliminar metahumanos, pero la presencia de su “hijo” Jon, se le hace cada vez más necesaria para continuar y está decidido a traerlo de nuevo al presente sea como sea.

Por su parte, en el lejano siglo 30 y en un planeta remoto, Jon Kent convence a Schiz de que está dispuesto a ayudarla a la hora de liberar a los clones inestables y a ella misma de su cautiverio. Aunque sus intenciones no son sinceras, la ayuda telepática de Raven consigue hacerle parecer honesto ante la inestable líder de los clones y ésta empieza a confiar en él.

Schiz le narra entonces cómo los metahumanos acabaron por someter completamente a la humanidad y cómo ésta, en un intento por rebelarse, apeló a seres alienígenas con dones naturales semejantes a grandes poderes. Así, su idea consistía en crear híbridos genéticos entre humanos y alienígenas que luchasen a favor de los terrestres. Schiz fue una de estos híbridos, inestable y letal desde el momento de su nacimiento. Fue capturada siendo solo una niña y puesta en estasis, pero su condición de telépata la mantuvo consciente a diferencia de sus compañeros, quienes ahora, liberados por Superboy arrastran las consecuencias de tantos años de inacción.


Tras convencer a los Titanes de que sigue convaleciente y de que debe permanecer más tiempo bajo cuidado médico, Jon lidera a los clones en un ataque a una base gubernamental con el objeto de conseguir armas. Los poderes mentales de Schiz consiguen que la incursión sea achacada a la resistencia y que la liberación de los clones y los planes de Superboy sigan siendo ignorados por todos, incluso por sus propios compañeros.


CRÍTICA

Tras un par de números que parecían no llevar a ninguna parte, la historia de Schiz y los clones anti metahumanos se va aclarando y cogiendo algo de consistencia. Solo hasta cierto punto claro, no nos olvidemos de que estamos hablando de Superboy.

El caso es que la trama parece que por fin le ha dado algo que hacer a nuestro personaje en el siglo 30, lo que ocurre es que entre tanto plan dentro del plan, tanto subterfugio y tantas dobles intenciones, es bastante complicado enterarse de qué está pasando en esta serie y cuáles son las verdaderas intenciones de nuestro protagonista. Sea como sea, a uno le gustaría achacar este brote de coherencia en la serie al buen hacer del maestro Wolfman, pero es francamente difícil de creer que con los condicionantes que tiene esta serie tenga algún tipo de libertad para realmente escribir a su antojo. La vinculación con los Titanes sigue siendo un lastre para que la serie coja fuelle por sí sola y se convierta en algo verdaderamente interesante. Las tramas de Superboy intentan ser complejas y tener entidad propia, pero tener que ser compatibles con las del grupo de héroes juveniles no hace sino dificultar esa tarea.

En cuanto al dibujo, Andrés Guinaldo sigue sin dejarnos demasiado impresionados. Su interpretación del villano Harvest deja mucho que desear y parece una simplificación formal de lo que habíamos visto hasta ahora. Algunos de sus rostros se acercan a la caricatura, y su escasez de detalles en planos medios y generales transmite una profunda sensación de apresuramiento y falta de calidad. Sin embargo, en algunas ocasiones es capaz de dibujar figuras y expresiones de forma más que convincente, por lo que el conjunto del cuaderno es tremendamente irregular y da la impresión (acertada o no) de que es un dibujante que podría dar mucho más de sí con otro entintado y con plazos de entrega mucho menos ajustados.

En conclusión, Superboy sigue siendo una serie básicamente floja, lastrada por planteamientos rocambolescos y por su dependencia de los Titanes, donde el dibujo no ayuda mucho a suplir las taras del guión y donde siempre acabamos esperando que los siguientes números sean mejores que lo que hemos leído.

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